‘Prisoner’, RYAN ADAMS: Canto de desesperación

A1IR4uCbpwL._SL1500_.jpgPasar de construir un trabajo tan completo como Gold (2001), a firmar un disco basado en versiones de Taylor Swift (no entraremos a valorar el material del que partíamos, pero el 1989 de Adams es un proyecto que no funciona ni como un inocente divertimento), es por lo menos, un cambio radical compositivamente hablando. No es porque Ryan Adams haya estado demasiado alejado de los edulcorados motivos que definen la música de Swift, que no lo está, pero resulta innegable el descenso cualitativo que ha experimentado el músico en los últimos años.

Aun así, el nombre Ryan Adams siempre coloca la expectación por las nubes cuando se trata de disfrutar de un nuevo disco. Lo volvía a hacer con Prisoner hace escasas semanas. Su ruptura con la actriz Mandy Moore devolvía al artista de Carolina del Norte a su estudio de grabación escasos meses después de publicar el mencionado 1989. Desde luego, el público iba a agradecer un disco mucho más intimista y personal que un simple “homenaje” a Taylor Swift.

En ese sentido, Prisoner cumple con lo propuesto: un proyecto de Adams, para Adams y sobre Adams. El problema es que en esa ecuación, el oyente puede acabar agotado, y yo me incluyo en esa demografía. Nada que objetar a la introspección de temas como ‘Shiver And Shake’, ‘Broken Anyway’ o ‘We Dissapear’, donde la soledad y el malestar que nos trasmite la guitarra de Adams suena perfectamente legítima, con melodías sacadas directamente del libro de notas de Bruce Springsteen, pero aun así mantienen cierta personalidad.

Resulta inaudito (quizá no tanto), que en la mayoría de momentos de Prisoner esa personalidad desaparezca por completo, y suene todo a “deja-vu” de anteriores proyectos de Adams o a un refrito de sonidos que ya quedaron obsoletos cuando Springsteen compuso The Rising.

Además, es casi imperdonable la imitación a Bono en dos de los primeros temas de este álbum (‘Do You Still Love Me?’ y ‘Doomsday’). Ambos cuentan con una producción nada austera, con apariciones de opulentos riffs, líneas de órgano y, en el caso de ‘Doomsday’, una bonita introducción de armónica. Con todo y con eso, resulta muy difícil obviar la decadencia en la voz de Adams. Es lógico que ya no íbamos a tener el timbre que nos enamoraba en ‘Amy’ o ‘In My Time Of Need’, pero al menos habría sido de agradecer mayor interés en muchas de las interpretaciones.

De nuevo me veo obligado a reseñar que el concepto que rodea al disco está perfectamente englobado, y en ningún momento cabe duda del desgarro emocional que Adams ha impreso en cada letra. ‘Haunted House’, ‘Breakdown’ y hasta la propia ‘Prisoner’ están empapadas de angustia y desolación. Incluso al cerrar el álbum con el saxofón que reina en ‘Tightrope’ o los susurros finales de ‘We Disappear’, la sensación es de un trabajo bien realizado.

El problema es que todo esto ya lo hemos vivido y si entre cada tema, Prisoner nos cuela al Adams más desganado de los últimos años, la decepción se hace cada vez más patente.

Que en la carrera del músico nunca haya habido demasiados riesgos estilísticos no funciona como excusa para este flojo proyecto. No hay nada nuevo salvo lo que ya conocíamos: nadie como Ryan Adams para dejarse cuerpo y alma escribiendo versos. Lástima que esta vez el resto de los elementos no acompañen.

Calificación: 6,0

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