‘The Healing Component’, MICK JENKINS: Lo complejo del amor

MickJenkinsTHC.jpeg.jpegDe la camada de raperos salidos de Chicago siempre se ha infravalorado a cualquiera que no se llame Kanye West. Obviando a Chance The Rapper y a Lupe Fiasco, el artista más prometedor que nos ha dado la ciudad de Illinois este milenio es, sin duda, Mick Jenkins.

Mi primer contacto con Jenkins fue en 2014 con su introspectivo mixtape The Water[s]. Un proyecto interesante y alejado de los aburridos clichés del rap gracias al sonido neo soul que impregnaban los productores de los que se había rodeado (Kaytranada, ThemPeople o THC). Dos años después, sucediendo al EP Wave[s] (2015), Jenkins publica lo que, aparentemente, supone la conclusión al material con que comenzaba su carrera en The Water[s].

Bajo el nombre de The Healing Component (2016) (este concepto nos puede resultar familiar, pues el rapero ya había utilizado previamente el acrónimo THC -tetrahidrocannabinol- como referencia al cannabis), en este proyecto Jenkins decide optar por un álbum conceptual. Los resultados no siempre son los deseados y se debe en parte a la yuxtaposición de demasiadas ideas sin desarrollar.

El argumento principal de este álbum es el concepto de amor, un tema  muy complejo como para comprimirlo en tan solo 15 canciones. Sin embargo, Jenkins consigue salir airoso en este aspecto, puesto que lejos de dar una explicación científica o filosófica del significado de amor, prefiere dar su propia interpretación a través de una conversación con otra persona. De hecho, si no le damos importancia a que el punto de vista de Jenkins es a veces bastante básico (en ‘This Type Love?’, él mismo se contradice y se queda sin argumentos cuando intenta introducir la idea de poliamor), es por el tono distendido e informal de esta conversación donde se razona por qué el amor es ese “Healing Component” (aunque anteriormente se había usado como una metáfora para la marihuana).

A lo largo del disco la idea de amor se ramifica, y tenemos a Jenkins hablando del amor por lo material en ‘Prosperity’ (que incluye una base con evidentes influencias del trap); el amor por lo espiritual en ‘Strange Love’ (cuyo sonido recuerda al del excelente Aquemini (1998) de Outkast) o incluso el amor por las drogas en ‘1000 Xans’ (donde la producción minimalista y el escaso contenido lírico no termina de convencer).

El sentido religioso del sentimiento de amor es algo que Jenkins intenta desarrollar también, pero al final resulta agotador y demasiado forzado. Nada que objetar a que se recurra a alegorías religiosas como en ‘Daniel’s Bloom’, donde el de Chicago menciona a Hova (Jay-Z) y lo relaciona con Jehova, etc. El problema aparece cuando esto comienza a repetirse hasta la saciedad, como vemos en ‘As Seen in Bethsaida’ o en ‘Fall Through’. La primera es un tema de dos minutos y medio que se hace tan corto como innecesario, a pesar de las buenas intenciones en la producción. La segunda malgasta el flow con Jenkins y lo tapa con demasiadas capas de sonido (sintetizadores, efectos de sonido, coros…) y un estribillo con connotaciones religiosas demasiado simples (‘See The Light, Don’t Hesitate’).

Nada que objetar a la producción del álbum. Brillantes los saxos que cierran el primer corte del disco, ‘The Healing Component’; la aportación de Kaytranada en ‘Communicate’ que le da un exquisito sonido neo soul sin perder la agresividad que trasmite el flow de Jenkins; y especialmente, la aparición de BADBADNOTGOOD.

El cuarteto de Toronto firma la producción de ‘Drowning’, un tema tan complejo como excelente. Tal vez por las cuatro infecciosas notas del bajo de Chester Hansen, por la percusión sincopada de Alexander Sowinski o por la sección improvisada de piano al final de la canción. O quizá por el contenido en las letras de Jenkins, que pasa de hablar de la represión racial y la muerte de Eric Garner (asfixiado por la policía en Nueva York en 2014) a descargar sus rabiosas líneas contra Drake (analizando el ridículo éxito que le supuso el tema ‘Hotline Bling’) y a alabar al activista Harriet Tubman (figura importante en la abolición de la esclavitud). Definitivamente, es la suma de todos estos factores lo que hace que este tema funcione de maravilla.

Esto es extrapolable al resto del proyecto, donde todo funciona bien salvo el concepto general. El hecho de que no quede nada clara la explicación de Jenkins sobre la idea de amor ni la relación que tiene con dios, ni el motivo por el que todo esto merezca tanta reflexión (a pesar de que Jenkins cierre el álbum con ‘Fucked Up Outro’, donde asegura que el amor es todo lo que le motiva) lastra este disco. En general supone una escucha decente si nos olvidamos de la bastante confusa línea conceptual. Un nuevo paso hacia la dirección correcta en la carrera del joven Mick Jenkins.

Calificación: 7,0

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